Si yo fuera azúcar
y tú fueras almohada,
si yo fuera pan
y tu amor escarchado en la nevera,
si fuéramos
la ranura blanca
de una puerta que se abre en la oscuridad,
o las luciérnagas que brotan
de las latas de conserva,
si fueras mi bolsillo
y yo un puño de moras recién cortadas,
¡Cómo se enredaría la brisa alrededor nuestro
para formar una canción inmensa
de burbujas celestes y amarillas,
enmarcando la extensión antigua de las ventanas!
Ana Istarú
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