miércoles, 16 de enero de 2013

A veces hablar no es suficiente para decírtelo todo.


Mantenerte la mirada hasta desfallecer.
Miradas que desnudan sin tapujos ni cobardía los anhelos de acercarme a tus labios. Que tu gesto me ilumine todas las mañanas de mi inestables días,
 o las tardes,
 o las noches,
 sin dudar de que es mi causa y mi consecuencia...
Pero tímidos sí que son mis sentimientos cuando te contemplo,
ridícula quimera.
Consciente de mi realidad miro al cielo, pues en ausencia de esperanzas, allá están todas las fugaces.

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